Entre los años
431 y 404 antes de Cristo, Atenas y Esparta eran potencias regionales. En ese
período se enfrentaron en lo que se conoce como las Guerras del Peloponeso, por el control y hegemonia sobre el
territorio e islas de Grecia. Uno de los episodios más destacados de esa guerra
se conoció como El diálogo de los melios,
cuya lección forma parte de la realidad humana y llega hasta nuestros días.
Consistió en lo siguiente. Atenas le exigió rendición a la isla de Melos y que a
élla su pueblo pague tributos, no a Esparta. Los melios intentaron dialogar,
apelando a las leyes y a la moral, por lo que no sería justo que Atenas los atacase.
Los atenienses rieron, y su respuesta fue simple: los poderosos hacen lo que su fuerza les permite, y los débiles se
tienen que atener a eso. La justicia solo existe entre iguales. Cuando hay desequilibrio de poder, apelar a
la ley o a la moralidad es ingenuo. Nació así lo que hoy llamamos “realpolitik”:
las acciones se definen no por lo que es legal o justo sino por quien tiene más
poder. Ante esa respuesta, los melios rechazaron rendirse, pensaron que su
honor iba a bastar y que, como era injusto, Esparta los iba a ayudar.
Obviamente tal cosa no ocurrió, a Atenas no le interesaron las leyes, los
principios éticos ni morales, mató a todos los hombres de la isla y esclavizó a
las mujeres y niños.
miércoles, 21 de enero de 2026
EL DIÁLOGO DE LOS MELIOS
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Así es: la forma de enfrentar a los poderosos y exigir justicia y respeto, es unirse en contra de ellos y reclamar los derechos
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